sábado, 13 de febrero de 2016

La huida del bandolero.

   ¿ Por qué te vas bandolero
de Córdoba la serrana?
¿Por qué huyes en la noche
y no te esperas al alba?
   Ya vienen los picoletos,
con fusiles a la espalda.
Gesto sombrío en el semblante,
negros caballos cabalgan.
   Grilletes en tus muñecas,
ellos pondrán si te alcanzan,
porque el precio a tu cabeza,
un gran dinero ya alcanza.
    La sierra que ya te espera,
allá lejos, en lontananza,
refugio te quiere dar,
y en tu vida la esperanza.
   Mira que si no te escondes,
de los que salen de caza,
ellos teñirán de rojo,
tu limpia camisa blanca.
   Llora la moza en silencio,
en Córdoba la serrana,
y un angustioso quejido,
se escucha en la madrugada

                                                                                                                 A.R.M..

El viejo campanario.

   Oigo sonar las campanas,
gime el viejo campanario.
Viejas grietas lo recorren,
grietas que tienen cien años.
  Son centinelas del pueblo,
hechas de hierro forjado.
Un campanero en la torre,
les saca su ronco canto.
   Toca triste la campana,
con el paso de los años.
A las gentes que llamaba,
ya del pueblo se han marchado.
   Hoy llora la vieja torre,
porque el viejo campanario,
se desangra por las grietas,
heridas de muchos años.
   Ya no se oyen las risas,
ni a los niños en el atrio,
sólo se escucha el silencio,
del viento en el campanario.
   Alguna vez en la noche,
se escucha un lúgubre canto,
es de la vieja campana,
que ahoga su triste llanto.

                                                                                                          A.R.M.

viernes, 12 de febrero de 2016

Jornaleros.

   Amarrado al duro campo,
con la guadaña, la siega,
de sol a sol como esclavos,
trabajáis la dura tierra.
   Arriero que trabajas,
de sol a sol en el campo,
sudas, la espalda mojada,
y te pagan cuatro cuartos.
   Cuando coges la aceituna,
de las tierras del gran amo,
con el alma retorcida,
dejáis la vida en el tajo.
   Aráis y labráis la tierra,
y la sembráis con las manos,
con grietas, encallecidas,
maltrechas por el trabajo.
   Apegados a la tierra,
como siervos, como esclavos,
por un jornal de miseria,
por un jornal mal pagado.
   Cantad a la Madre Tierra,
en la que crecen olivos,
Tierra de grandes cimientos,
Tierra de grandes olvidos.
   Miguel dijo de vosotros,
"aceituneros altivos",
que lleváis en vuestras carnes,
el peso de los olivos.
                                                                                                           A.R.M.

Ansias de marinero.

   Un mar azul se divisa,
allá, lejos de la casa.
Barquitos que lo navegan,
barquitos con velas blancas.
   Sopla el viento de levante,
olas, espumas de plata.
Cantando va el marinero,
hermosa canción le canta.
   Responde el mar con sonrisas,
que animan faz azulada.
Bebe la Luna una copa,
brinda con agua salada.
   Abajo los pececillos,
dejan estelas de plata,
y una blanca caracola,
con mimo toca una flauta.
   Con ansia busca la tierra,
allí le espera su amada.
Sueña verla el marinero,
y al barco le grita ¡avanza!.
    Hincha las velas el viento,
el bajel las olas salta,
y en la bocana del puerto,
arría sus velas blancas.
   Hay un silencio profundo,
el mar, noticias se calla,
no quiere darle la nueva,
al marinero que canta.
   Salta al muelle el marinero,
lágrimas surcan su cara,
y un sollozo se le escucha,
¿por qué no viene mi amada?
                                                                                                          A.R.M.

Las cigüeñas.

   Ya han llegado las cigüeñas
a la torre de la iglesia.
Se ha marchado ya el invierno,
se espera la primavera.
   Pasan volando en el cielo,
como si fueran saetas.
Vuelven al nido en la tarde,
en su pico, ramas secas.
   Los niños, alborotados,
a la plaza van a verlas.
Ríen, aplauden gozosos,
cuando a su nido regresan.
   El pico tienen muy rojo,
las plumas blancas y negras.
Patas muy largas y rojas,
¡qué bonitas las cigüeñas!
    Han puesto en el nido un huevo,
al que incuba la pareja.
Nacerá pronto un cigüeño,
en la torre de la iglesia.
   Por la mañana temprano,
sale a buscar la pareja,
alimentos para el pollo,
que en la torre solo dejan.
    Se ha quedado solo el nido,
se han marchado las cigüeñas,
tristes se quedan los niños,
y la torre de la iglesia.
                                                                                                         A.R.M.

jueves, 11 de febrero de 2016

El baño de la flor.

   La flor se baña en el campo,
con las gotas del rocío.
La verde hierba la seca,
para que no pase frío.
   Peina sus lindos cabellos,
sobre sus hombros caídos.
con una bata de seda,
su hermoso cuerpo vestido.
   Cantan a coro en el campo,
de colores pajarillos,
y en la pradera feliz,
todo el mundo tiene amigos.
   Una esfera luminosa,
nos muestra su blanca cara,
y con fondo de diamantes,
en bello lecho descansa.
   Los altos pinos del bosque,
tocar quieren esa cara,
y con mohín malicioso,
se cubre con seda cara.
   Esa flor que se bañaba,
y esa Luna que se esconde,
viven felices, contentas,
entre las nubes y el bosque.

                                                                                                         A.R.M.

Brindis a la vida.

   Esta vida no es tan mala,
dijo el juerguista en su lecho.
Que no me espere la muerte
porque a la vida ya vuelvo.
   Se levantó de la cama,
con los ojos bien abiertos,
y la gente del sepelio,
del susto se estremecieron.
   Vivió ciento veinte años,
disfrutó la plena vida,
y entre fiestas y saraos,
dilapidó su fortuna.
   Viendo llegada su hora,
vio las muerte junto al lecho,
candado en mano llevaba,
y se lo puso en el pecho.
   Viajando hacia el Paraíso,
sintió el calor del Infierno.
Llevose el pobre gran susto,
al ver a Pedro Botero.
   Al Cielo llegó muy pronto,
y esto le dijo a San Pedro:
si no me tratáis muy bien,
de nuevo a la vida vuelvo.

                                                                                                   A.R.M.