Cuando pienso en la penumbra,
un silencio de ultratumba,
invade todo mi ser.
Y mi alma, aún dormida,
triste, desfallecida,
intenta a la vida volver.
Cuando el espíritu inquieto,
caminos y vericuetos,
que hacen daño a los sentidos,
he intentado recorrer.
Y si el tiempo se te acaba,
no puedes retroceder.
Cuando se clavan mis ojos,
más allá de las tinieblas,
y no veo, estoy a ciegas,
me siento desfallecer.
Que me alumbren el camino,
suplica todo mi ser.
Dime que no te has marchado,
y que sigues a mi lado,
como prometiste ayer.
y si acaricio tu cuerpo,
yo lo siento, no es un sueño,
¿por qué te fuiste mujer?.
Cuando el luminoso día,
la tarde llega, sombría,
el sendero se retuerce,
llega el sereno suspiro,
del espíritu tranquilo,
cuando la mente oscurece
A.R.M..
martes, 23 de febrero de 2016
Una leyenda.
En 1519, después de un largo período de terribles presagios que según su cultura y creencias anunciaban y que serían funestas para el pueblo azteca, el emperador Moctezuma tuvo conocimiento de la llegada a sus tierras de unos extranjeros barbudos de piel blanca y relucientes vestimentas: eran los españoles capitaneados por Hernán Cortés. Moctezuma creyó que se cumplía una antigua profecía:el retorno del Dios Barbudo, la Serpiente Emplumada. Una de las representaciones del dios,es la de un hombre barbudo y blanco, por lo que Moctezuma creyó que Cortés era el dios Quetzacóalt. Parece ser que el emperador mandó buscar por todo el imperio, adivinos que le pudieran aconsejar. Como ninguno pudo contentarle y aclarar sus temores, mandó exterminarlos a todos. De lo que sí tuvo conocimiento es que los enviados buscaban una medicina que necesitaban para curar su enfermedad: el oro.
Casi todos los vestigios de la cultura y religión o creencias aztecas, fueron destruidas por la iglesia española, al considerarlas como cultos y objetos infernales. Hasta aquí, un somero relato de la llegada de Cortés Méjico. Y sin embargo.
Por suerte, hace muchos años en la biblioteca del sacerdote de un pequeño pueblo alemán de la "Selva Negra" cuyos antepasados habían vivido durante varias generaciones en Méjico, cayó en mis manos un libro muy antiguo sobre leyendas aztecas en las que el principal argumento era la conquista y caída del imperio azteca. Pero sobre todo, basado en los secretos sagrados aztecas y que sólo conocían los sacerdotes como legado de los dioses.
En este libro, y en una de las leyendas, se cuenta que el emperador Moctezuma conoció por boca de Cortés que él era el envíado de su señor, el emperador y rey más grande de la Tierra. Moctezuma consideró que para congraciarse con tan gran señor, el dios, era necesario ofrecerle un regalo digno de él. Consultó a los sacerdotes y estos estuvieron de acuerdo en la ofrenda del presente. Moctezuma,pidió a Cortés que le diera las medidas y el peso del gran rey. Con estas medidas y por medio de los sacerdotes que conocían los secretos de la alquimia, confeccionaron una especie de"sol o pan de oro" con desconocidos materiales y unos cálculos contenidos en la Pirámide del Sol. Este sol o pan de oro iba acompañado de una barrita cilíndrica de jade y otros materiales y de otra de la misma medida, al perecer de obsidiana. Lo cierto y según la leyenda, es que cuando las barritas golpeaban el disco solar se producía un sonido vibrante, de baja frecuencia que hacía que las personas a las que iba destinado se levantaban del suelo, gravitaban. No dice la leyenda si el emperador Carlos, supo de tan increíble regalo ya que los sacerdotes españoles destruyeron tal regalo al que consideraron infernal y demoniaco. Fue destruido, roto y quemado en la hoguera. Cuenta la leyenda que al romperlo, el sonido de los trozos rotos retumbaban de templo en templo como un lamento del dios azteca. El presente, llenó de terror a los sacerdotes españoles. La Santa Inquisición, destruyó las culturas de los pueblos mesoamericanos a los que obligó a convertirse y a adjurar de su religión y de sus creencias.
Pienso en otras culturas milenarias y en sus monumentos, en su grandiosidad, en las imponentes pirámides egipcias, Keops, Kefrén, etc. Puede que el "sol de oro" regalado al emperador Carlos no fuera una espeluznante brujería sino una "imposible realidad", y que los bloques de piedra, enormes, de varias toneladas, hubieran sido ensamblados al milímetro, de una forma dificil, si no imposible de comprender por nuestra sofisticada ciencia y tecnología del siglo XXI.
Dejo volar la imaginación y veo gravitar y desplazarse los enormes bloques de piedra de las pirámides de unas y otras culturas que se acoplan con una increíble técnica, al milímetro, y no puedo hacer otra cosa que maravillarme ante los secretos de su construcción. Vuelvo a imaginar cómo lo hicieron y vuelo con ellos intentando comprender el legado que nos dejaron a nosotros, las civilizaciones futuras.
Este pequeño relato compuesto de realidades históricas y otra de pura ciencia-ficción, deja a la imaginación volar más allá de lo imaginable.
No tengo más remedio que terminar con la clásica pregunta al posible lector:¿ pudo, o no pudo suceder?.
A.R.M.
Casi todos los vestigios de la cultura y religión o creencias aztecas, fueron destruidas por la iglesia española, al considerarlas como cultos y objetos infernales. Hasta aquí, un somero relato de la llegada de Cortés Méjico. Y sin embargo.
Por suerte, hace muchos años en la biblioteca del sacerdote de un pequeño pueblo alemán de la "Selva Negra" cuyos antepasados habían vivido durante varias generaciones en Méjico, cayó en mis manos un libro muy antiguo sobre leyendas aztecas en las que el principal argumento era la conquista y caída del imperio azteca. Pero sobre todo, basado en los secretos sagrados aztecas y que sólo conocían los sacerdotes como legado de los dioses.
En este libro, y en una de las leyendas, se cuenta que el emperador Moctezuma conoció por boca de Cortés que él era el envíado de su señor, el emperador y rey más grande de la Tierra. Moctezuma consideró que para congraciarse con tan gran señor, el dios, era necesario ofrecerle un regalo digno de él. Consultó a los sacerdotes y estos estuvieron de acuerdo en la ofrenda del presente. Moctezuma,pidió a Cortés que le diera las medidas y el peso del gran rey. Con estas medidas y por medio de los sacerdotes que conocían los secretos de la alquimia, confeccionaron una especie de"sol o pan de oro" con desconocidos materiales y unos cálculos contenidos en la Pirámide del Sol. Este sol o pan de oro iba acompañado de una barrita cilíndrica de jade y otros materiales y de otra de la misma medida, al perecer de obsidiana. Lo cierto y según la leyenda, es que cuando las barritas golpeaban el disco solar se producía un sonido vibrante, de baja frecuencia que hacía que las personas a las que iba destinado se levantaban del suelo, gravitaban. No dice la leyenda si el emperador Carlos, supo de tan increíble regalo ya que los sacerdotes españoles destruyeron tal regalo al que consideraron infernal y demoniaco. Fue destruido, roto y quemado en la hoguera. Cuenta la leyenda que al romperlo, el sonido de los trozos rotos retumbaban de templo en templo como un lamento del dios azteca. El presente, llenó de terror a los sacerdotes españoles. La Santa Inquisición, destruyó las culturas de los pueblos mesoamericanos a los que obligó a convertirse y a adjurar de su religión y de sus creencias.
Pienso en otras culturas milenarias y en sus monumentos, en su grandiosidad, en las imponentes pirámides egipcias, Keops, Kefrén, etc. Puede que el "sol de oro" regalado al emperador Carlos no fuera una espeluznante brujería sino una "imposible realidad", y que los bloques de piedra, enormes, de varias toneladas, hubieran sido ensamblados al milímetro, de una forma dificil, si no imposible de comprender por nuestra sofisticada ciencia y tecnología del siglo XXI.
Dejo volar la imaginación y veo gravitar y desplazarse los enormes bloques de piedra de las pirámides de unas y otras culturas que se acoplan con una increíble técnica, al milímetro, y no puedo hacer otra cosa que maravillarme ante los secretos de su construcción. Vuelvo a imaginar cómo lo hicieron y vuelo con ellos intentando comprender el legado que nos dejaron a nosotros, las civilizaciones futuras.
Este pequeño relato compuesto de realidades históricas y otra de pura ciencia-ficción, deja a la imaginación volar más allá de lo imaginable.
No tengo más remedio que terminar con la clásica pregunta al posible lector:¿ pudo, o no pudo suceder?.
A.R.M.
lunes, 22 de febrero de 2016
Canto a Jaén.
Yo a ti te canto Jaén,
tierra de grandes olvidos,
que sangras por las heridas,
al ver que se van tus hijos.
La montaña te protege,
y el Gran Castillo te guarda,
cual rocoso centinela,
vigilante de atalaya.
Dice el "duende" que en ti habita,
que en tu recinto almenado,
se oyen ayes, lamentos,
de los que antaño habitaron.
Sopla el viento de la sierra,
frío vendaval que asalta,
y que aúlla en el silencio,
que voltea las campanas.
En ti guardas una joya,
una Catedral con alma,
un Santo Rostro de Cristo,
al que siete llaves guardan.
Árabes baños tú tienes,
y tu Carrera empinada.
Hermosas plazas y parque,
donde niño yo jugaba.
Los Caños, la Magdalena,
esta, con su gran lagarto,
barrios que tienen historia,
gentes que enseñan su encanto.
Sueño con el Viernes Santo,
con la Imagen del Abuelo,
con ese grito que sale,
de las gentes de mi pueblo.
Hoy, lejos de mi niñez,
pero llevándote dentro,
veo al niño que tus calles,
fue muy feliz recorriendo.
A.R.M.
.
tierra de grandes olvidos,
que sangras por las heridas,
al ver que se van tus hijos.
La montaña te protege,
y el Gran Castillo te guarda,
cual rocoso centinela,
vigilante de atalaya.
Dice el "duende" que en ti habita,
que en tu recinto almenado,
se oyen ayes, lamentos,
de los que antaño habitaron.
Sopla el viento de la sierra,
frío vendaval que asalta,
y que aúlla en el silencio,
que voltea las campanas.
En ti guardas una joya,
una Catedral con alma,
un Santo Rostro de Cristo,
al que siete llaves guardan.
Árabes baños tú tienes,
y tu Carrera empinada.
Hermosas plazas y parque,
donde niño yo jugaba.
Los Caños, la Magdalena,
esta, con su gran lagarto,
barrios que tienen historia,
gentes que enseñan su encanto.
Sueño con el Viernes Santo,
con la Imagen del Abuelo,
con ese grito que sale,
de las gentes de mi pueblo.
Hoy, lejos de mi niñez,
pero llevándote dentro,
veo al niño que tus calles,
fue muy feliz recorriendo.
A.R.M.
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domingo, 21 de febrero de 2016
El insufrible tacaño.
de la largueza del otro.
No dormía el pobre hombre,
pensando que paguen otros.
Por ahorrar comía poco,
buscaba donde comer,
pero que otros le pagaran,
su yantar y su beber.
Él se sentaba el primero,
pedía cerveza y vino,
buenas tapas que comer,
y no pagaba el condumio.
Los amigos ya cansados,
del tacaño proceder,
se preguntaban en grupo,
tal gorrón no puede ser.
En el futuro pensaron,
que a la hora de beber,
no pagarían la cuenta,
para que la pagara él.
Pero el astuto roñoso,
no se daba por vencido,
jamás metía la mano,
ni se creía aludido.
Pensará que somos tontos,
pues le pagamos sus vicios,
y riéndose de todos,
apura el vaso de vino.
Al final la moraleja,
de este increíble agarrado,
es que al amigo gorrón,
hay que dejarle de lado.
A.R.M.
sábado, 20 de febrero de 2016
Colores de sierra.
¡Qué bella flor de colores, violeta,
en el campo crece la tierna hierba.
Cuando el viento sopla mece la yerba,
oscuras las nubes, negra tormenta.
De hermosos colores la sierra llena,
que rico polen liban las abejas,
en su colmena, las celdillas plenas,
y las lindas flores, todas bermejas.
La cima del monte, la nieve blanca,
el viento que sopla como comparsa,
espera que la primavera nazca.
A jara y tomillo huele la sierra,
melodioso perfume, el viento lleva,
estrecho sendero lleno de tierra.
A.R.M.
en el campo crece la tierna hierba.
Cuando el viento sopla mece la yerba,
oscuras las nubes, negra tormenta.
De hermosos colores la sierra llena,
que rico polen liban las abejas,
en su colmena, las celdillas plenas,
y las lindas flores, todas bermejas.
La cima del monte, la nieve blanca,
el viento que sopla como comparsa,
espera que la primavera nazca.
A jara y tomillo huele la sierra,
melodioso perfume, el viento lleva,
estrecho sendero lleno de tierra.
A.R.M.
Serranías.
El caballo blanco, su cola larga,
por la verde pradera al trote avanza.
Nubes de polvo, la zancada larga,
jinete en alazán, busca venganza.
Se estremece el suelo con las pisadas,
hunden los cascos la tierra mojada.
El viento, nubes negras, desgarradas,
sombrero caído sobre la espalda.
La tarde oscurece, la noche avanza,
el sol y las nubes,el viento, el agua,
se vislumbra el cortijo, en lontananza.
La cercana sierra, bandido aguarda,
entre tomillos y rocas,las jaras,
el duro camino, la sierra parda.
A.R.M.
por la verde pradera al trote avanza.
Nubes de polvo, la zancada larga,
jinete en alazán, busca venganza.
Se estremece el suelo con las pisadas,
hunden los cascos la tierra mojada.
El viento, nubes negras, desgarradas,
sombrero caído sobre la espalda.
La tarde oscurece, la noche avanza,
el sol y las nubes,el viento, el agua,
se vislumbra el cortijo, en lontananza.
La cercana sierra, bandido aguarda,
entre tomillos y rocas,las jaras,
el duro camino, la sierra parda.
A.R.M.
viernes, 19 de febrero de 2016
A "Platero" y a su autor.
Ahí va el loco del pueblo,
montado en su borriquillo,
va recorriendo las calles,
del pequeño pueblecillo.
Ha cumplido cuatro años,
nuestro alegre borriquillo,
y disfruta con su trote,
como si fuera un chiquillo.
Guardo con él secretos,
conversaciones de amigos,
cuando juntos paseamos
y recorremos caminos.
Parece como un peluche,
gris y blanco, de algodón,
ojos de negro azabache,
y de acero corazón.
Ayer salimos al campo,
para ver las florecillas.
Qué contento iba Platero,
oliendo las hierbecillas.
Le he regalado una alforja,
hecha de plata con hilos,
para que guarde sus cosas,
y los secretos conmigo.
Eterno será Platero,
la imagen de un borriquillo,
suave, tierno y peludo,
recordado dulce asnillo.
A.R.M.
montado en su borriquillo,
va recorriendo las calles,
del pequeño pueblecillo.
Ha cumplido cuatro años,
nuestro alegre borriquillo,
y disfruta con su trote,
como si fuera un chiquillo.
Guardo con él secretos,
conversaciones de amigos,
cuando juntos paseamos
y recorremos caminos.
Parece como un peluche,
gris y blanco, de algodón,
ojos de negro azabache,
y de acero corazón.
Ayer salimos al campo,
para ver las florecillas.
Qué contento iba Platero,
oliendo las hierbecillas.
Le he regalado una alforja,
hecha de plata con hilos,
para que guarde sus cosas,
y los secretos conmigo.
Eterno será Platero,
la imagen de un borriquillo,
suave, tierno y peludo,
recordado dulce asnillo.
A.R.M.
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