lunes, 23 de mayo de 2016

Sólo es un juego.

   Cuando juegues no te creas,
que siempre debes ganar.
Nunca presumas de fuerza,
porque lo puedes pagar.
   La lucidez en el juego,
te tiene que aconsejar,
que en el juego de la vida,
no siempre puedes ganar.
   Se modesto en la victoria,
respeta la dignidad,
no maltrates al que pierda,
no juzgues a los demás.
   Hay por miles jugadores,
carroñeros sin piedad.
Con su malsana ignorancia,
a todos quieren ganar.
   Todo el problema es humano,
producto de sociedad.
El atropello son triunfos,
al maltratar sin piedad.
   No te creas cuando dicen,
¡qué bien que juegas chaval!.
¡Qué maravilloso golpe!,
y se ríen por detrás.


                                                                                                    A.R.M.

Amor negado.

   Viví los amores,
bebí de sus vientos.
Pernocté en picachos,
de cálidos tientos.
Negué siempre mi amor,
¿estaba en lo cierto?.
   Destrocé ilusiones,
amores inciertos.
La vida amorosa,
siempre fue el infierno.
Acallé el corazón,
y lo fui perdiendo.
   El final llegado,
yo miré al espejo.
El cristal maldito,
reflejó mis hechos,
y en mi ego absurdo,
maldije no verlo.
   Un rostro muy joven,
hermoso muy bello,
mostraba en su pena,
un amor intenso.
Rezaba plegarias,
oraba en silencio.
   Comencé el viaje,
muy tenso, con miedo.
Vivía en mi mente,
la joven, su anhelo,
y una paz extraña,
me invadió por dentro.
   Después del viaje,
por el mundo etéreo,
ante mi surgieron
las puertas del cielo,
y con rostro serio,
estaba San Pedro.
   ¿Qué deseas dijo?
con acento seco.
Ante mi han llegado,
plegarias y rezos,
y un amor negado,
te ha llevado al Cielo.
   En aquel momento,
reviví mis hechos.
Comprendí al instante,
que el amor sincero,
te abrirá seguro,
las puertas del Cielo.
                                                                                                     A.R.M.

sábado, 21 de mayo de 2016

Los ochenta de don Juan.

   Qué fue de aquel marinero,
embarcado en un velero.
Después, buen hotelero,
de jugador consejero.
   Ahora lo enfrento al futuro,
cuando los ochenta lleguen,
y en el espejo muy duro,
vea lo que queda de él.
   Me he mirado en el espejo,
y el retrato que yo vi,
no me recuerda la imagen,
que yo tenía de mi.
   Las arrugas como surcos,
muy marcadas en mi piel.
En mi cara las ojeras,
copas de vino y jerez.
   Se me fue la juventud,
y los amores de ayer.
El tiempo ya los borró,
pasó a todo correr.
   Sólo me queda la angustia,
y los surcos en la piel.
Los recuerdos de un pasado,
de una vida de papel.
   Este espejo traicionero,
no retrocede al ayer,
y una sonrisa burlona,
veo reflejada en él.
   Te rompería en pedazos,
amigo que fuiste ayer.
Enemigo si reflejas,
la imagen que ahora ves.
   La vida, no te perdona.
El tiempo objetivo juez,
como el espejo refleja,
en tu imagen la vejez.
   No es vengativo el poema,
ni la imagen que tú ves.
Cuando cumplas los ochenta,
¡ojalá los pueda ver!.
   Cuando tu amigo el poeta,
las bolas al aire lance.
Cuando en los ochenta estés,
¡Intenta jugar como él!
                                                                                      A.R.M.


jueves, 19 de mayo de 2016

Triste realidad.

   Esta mañana temprano,
me he mirado en el espejo.
He visto aterrorizado,
de los años fiel reflejo.
   Mi juventud,¿dónde estaba?
porque aquel maldito espejo,
con maliciosa sonrisa,
sólo mostraba el reverso.
   Llena de arrugas profundas,
mi cara como un panfleto,
la realidad reflejaba,
de mi vida, de mis hechos.
   De aquel gallardo don Juan,
de los amores, del fuego.
De la apolínea figura,
sólo quedaban los restos.
   Con las manos estiré,
mi rostro, antes muy terso.
Las traicioneras arrugas,
nunca dejaban de serlo.
   Mi mente vino en mi ayuda,
mitigó mi desconsuelo,
y con gesto furibundo,
con rabia rompí el espejo.
   Saltó roto en mil pedazos,
roto cayó sobre el suelo,
pero mil voces decían,
¡es realidad lo que muestro!
   La vida cruel destino,
es toda ella un reflejo,
refleja lo que has vivido,
a través del duro espejo.


                                                                                A.R.M.

Cuando yo me muera.

   Cuando yo me muera,
de tu pelo negro,
un mechón me metan,
en mi traje negro.
Y una siguiriya
con aire flamenco.
   Cuando yo fallezca,
no veas mi entierro,
no llores mi niña
que yo estoy despierto.
De mi largo sueño,
volveré de nuevo.
   Cuando la campana,
toque ronca a muerto,
no quiero que lloren
ni guarden silencio.
Cuando me haya ido,
cuando ya esté muerto.
   Un dolor profundo,
me llevo en el pecho,
por dejarte sola,
perdida en el lecho.
Cuando tú me busques
y yo esté muy lejos.
   De mi amor profundo,
te queda el recuerdo.
Yo me llevo el tuyo,
volando muy lejos.
Cuando yo fenezca,
cuando ya esté muerto.
   Un suspiro ahogado,
dulce como un beso.
Un ¡ay! no te vayas,
un ¡ay! lastimero,
y entre cuatro amigos,
llegué al cementerio.
   ¡Qué buena persona
oía muy lejos!.
Maldita la muerte
que lleva al extremo.
Y entre abrazos rotos,
terminose el duelo.

                                                                                           A.R.M.

lunes, 16 de mayo de 2016

Un rayo de luz.

   Negras nubes presagian tormenta,
con terrible furia azota el vendaval.
Sentado los rayos el anciano cuenta,
recargando su pipa ante el ventanal.
   Ruge con fuerza el riachuelo del monte,
aguas muy frías el arroyo lleva,
todo lo arrasa la fuerte corriente,
y allá en la cima de la sierra nieva.
   Un rayo de luz las nubes aparta,
el sol nos muestra la sierra nevada.
La límpida agua su música canta.
   En el bosquecillo han quedado ramas.
Cesa el vendaval, su furia se calma.
Las verdes praderas huelen a retama.






      A.R.M.

A un pobre cementerio.

   Pobre cementerio triste, de pueblo,
de verde oscuro sus álamos viejos.
Negro futuro que espera a los viejos,
cuando ya no estén, cuando no sean pueblo.
   Tumbas profundas en la dura tierra,
de blanco pintadas, entre la hierba.
Viento del norte perfila la sierra,
y un sol de justicia seca la yerba.
   Emigra la gente, ya no se quedan,
y sólo los muertos sus tierras pueblan,
el triste recinto muy solo queda.
   Hoy he venido para ver tu sierra,
y tus desdentadas tumbas abiertas,
los pinos verdes de esta bella tierra.


                                                                                                  A.R.M.