jueves, 22 de enero de 2015

Quejas de prisionero.


  La cárcel, negros barrotes
son los celos del querer,
amor mío si me quieres,
no dejes celos correr.
    Por amor encarcelado
de una bonita mujer,
roto el sueño y el futuro,
por amor me condené.
    En una sórdida celda
encerrado allí me hallé,
consuelo ya no me queda,
y con tristeza lloré.
    No veo el azul del cielo
en esta celda cruel,
y me acecha un tenso miedo
que yo no puedo entender.
    Un pajarillo me canta,
me trina al amanecer,
y sus gorjeos de esperanza
invaden todo mi ser.
    Una negra madrugada,
el gorrioncillo calló,
y en esa triste mañana,
sólo el silencio me habló.

                                                                               A.R.M.

El viejo pueblo.


  En mis recuerdos de niño,
con el viejo pueblo sueño,
la iglesia, su campanario,
con sus callejas de piedras,
con su fuente, con sus caños,
con los amigos de antaño.
    Con la nieve que cubría
la torre del campanario,
con su nido de cigüeñas,
con los surcos de sus campos,
con los baños en el río,
con los felices veranos.
    Han pasado muchos años,
el tiempo pasa volando.
La niñez hemos perdido,
y el pueblecito soñado,
guarda en su seno el recuerdo
de las gentes que lo amaron.
    No existe ya el viejo pueblo,
sus gentes ya se marcharon,
pero las casas del pueblo
siguen teniendo su encanto,
y en sus callejas de piedras
mira el pueblo su pasado.
    El fantasma del silencio,
de los lugares lejanos,
de los amores perdidos,
de los quereres dejados,
en el tiempo transcurrido
del pasado ya lejano.
                                                                        A.R.M.

El pastorcillo y la Luna.

    Caminaba un Sol radiante,
hacia su ocaso en el río,
una nube juguetona
se le cruza en el camino.
    La Luna impaciente espera
para bañarse en el río,
y en la luminosa noche
entra desnuda en el río.
    Un pastorcillo descansa
en la ribera del río,
y al ver la Luna bañarse,
se cobija entre los juncos.
    La visión, esa belleza
de la Luna allí en el río,
de sus pechos nacarados,
de su cuerpo sumergido.
    Al darse cuenta la Luna,
del joven del pastorcillo,
sabedora de su encanto,
al zagal le hace un guiño.
    El pastor enamorado,
por la Luna, su desnudo,
en las noches estrelladas
se ve con ella en el río.
    Una pasión, una llama,
le abrasa, nubla el sentido,
se pregunta ¿qué me pasa?
¿qué me ocurre que no vivo?
    He soñado con la Luna,
con su desnudo en el río,
con esa llama que abrasa
hasta perder el sentido.
    Se me denegó el amor,
no vi la Luna en el río,
y su belleza de nácar
quedó triste en el olvido.
    Te cobijas en la vida
como el joven pastorcillo,
esperando que el amor
se te cruce en tu camino.
    ¿Me pregunto qué es amor?
¿Es amor lo que he vivido?
Ese embrujo que te abrasa
que da a tu vida sentido.
    En mi vida se ha cruzado,
esa Luna, la del río,
y su amor anacarado,
juntos hicimos camino.
    Conocí joven la ilusión
y el amor correspondido,
la llama de la pasión
que jamás yo la he perdido.
    Embrujo de amor la Luna,
embrujo de amor vivirlo,
sin la ilusión amorosa,
¡no tiene sentido el mundo!
                                                                                A.R.M.

martes, 20 de enero de 2015

¡Votar! ¡Botar!


  Creo que existe un paralelismo más allá de lo imaginable entre estos dos verbos de nuestro idioma o lengua que se hace más significativo a la hora de las elecciones. Los candidatos presentan su programa, sus intenciones y sus promesas para obtener el mayor número de votos y así, conseguir el fin del partido: ¡El Poder! Pero vayamos por partes.
    Votar, es un derecho y un deber de todo ciudadano de un país democrático. Mediante su voto, y una vez examinados y subrayados los programas de los diferentes partidos que optan a ser elegidos, coadyuba a la convivencia democrática de todo el país.
    Bien es cierto que la división izquierda/derecha, lleva al votante a inclinarse casi siempre con el partido que representa su ideología, sin tener en cuenta si el programa con el que se presenta su partido es beneficioso para toda la sociedad. En la mayoría de los casos, no vota el programa; vota al partido y no le interesa el resto. Caso muy típico de la alienación ideológica.
    Botar, es la consecuencia lógica del fracaso electoral, si por fracaso se entiende el veredicto de las urnas que culmina con la toma de posesión del presidente y la consecuente formación del nuevo gobierno, elegido por el programa presentado ante la sociedad y que debería ser "un Acta Notarial" que obligatoriamente debe cumplir.
    El incumplimiento de su programa debería ser causa inmediata de "Voto de Censura del Parlamento", y es aquí donde la importancia del voto se magnifica. Es muy difícil saber si con su voto
conceden la "Mayoría Absoluta" que conduce a que el "Rodillo Parlamentario" sea de derechas o de izquierdas, mate las iniciativas de los demás grupos parlamentarios y legislen a su antojo.
    En el caso de incumplimiento del programa, pero con Mayoría Absoluta, sólo nos queda ¡Botar!,
o lo que es lo mismo el recurso del derecho al pataleo. No olviden los votantes que la Democracia es Consenso y esto lleva a pactos: base de la Democracia. Lo contrario caería dentro de la "Tiranía Parlamentaria".

                                                                                   A.R.M.

lunes, 19 de enero de 2015

Caminando.

    Iba caminando y un sol de estío,
se escondía tras la escarpada sierra.
Agrestes los caminos con las piedras,
estrechos los caminos junto al río.
     Los juncos que poblaban las riberas,
doblados por el frío vientecillo,
soñaban con estar al calorcillo
de oasis africanos de palmeras.
    Las yermas cumbres de la helada sierra,
ahora lucen floridos vestidos,
los tonos coloridos de la tierra.
    Los pájaros revolotean, pían,
cantan al amor se arrullan con mimo,
y al seco vientecillo desafían.



                                                                                            A.R.M.
.


                                                                                             

viernes, 16 de enero de 2015

Don Juan.


  "Clamé al cielo y no me oyó"
dijo don Juan en La Tierra,
y en su vida de tinieblas,
jamás el amor encontró.
    Por desgracia para el mundo,
hay don Juanes en La Tierra,
que matan los sentimientos,
que mancillan las creencias.
    Hombres que son inmaduros,
"don Juanes de vía estrecha"
que juegan con el amor,
se ríen de la tristeza.
    No creéis en el amor,
os mofáis de la inocencia,
con la mentira engañáis
a las jóvenes doncellas.
    Condenados a vagar
sin amor, de puerta en puerta,
sin la pasión amorosa,
sin esa llama que quema.
    Un castigo merecéis
y no obtendréis la clemencia,
cuando el Juez Supremo dicte
vuestra terrible sentencia.
    Una angustia me consume,
que me asusta, que me aterra,
si como don Juan Tenorio,
yo fui Tenorio en La Tierra.

                                                                                                    A.R.M.

jueves, 8 de enero de 2015

La siega.

    El cielo azul reflejaba,
el campo para la siega,
un par de bueyes tiraban
del arado en la pradera.
    Las mieses para cogerlas,
la espiga de rubio trigo,
en haces estaban hechas
y yo curioso testigo.
    Aventaba el campesino
las espigas en la era,
ayudado por el viento,
de paja dejaba estelas.
    Un pajarillo en su nido,
no cesaba de cantar,
malherido el pobrecillo,
ya no podía volar.
    La bucólica visión,
los cantos, los pajarillos.
De paja un viejo sombrero,
se cubría el campesino.
    Me quedé extasiado viendo
que era posible otro mundo,
otra vida, la ilusión
de que tenemos futuro.
    Volví al cemento, a la urbe,
al correr, al desatino
y con envidia pensé,
en la vida, el campesino.
    Matando estamos La Tierra,
y no tendremos futuro,
si nuestra ambición nos lleva,
a destruir nuestro Mundo.

                                                                                       A.R.M.