"El que calla otorga" y esa no es ciertamente mi intención. No está en mi naturaleza de hombre libre. Libres e iguales, ese debería ser nuestro sello de identidad al nacer. Pero desgraciadamente para nuestro País, unos nacen más libres y más iguales que otros.
Nuestra decadente sociedad no debe jamás olvidar que las Revoluciones nacen todas como consecuencias de grandes crisis económicas y como producto de ellas, levantamientos sociales a causa de los salvajes impuestos que las crisis económicas conllevan. El ejemplo más significativo lo tenemos en la Revolución Francesa, consecuencia directa de los abusos de las clases elitistas y de la nobleza amparadas por el poder absoluto sobre el pueblo soberano al que sin piedad alguna exprimió. ¿Nos está pasando lo mismo?.
Aunque el parecido con la situación actual no es relevante, si creo que existe una connotación con el malestar social producido por el aumento de impuestos, la tiranía y presión económica de la Banca sobre el pueblo llano y la inoperancia o complacencia del Gobierno ante los atropellos que dejan a la sociedad sin recursos y sin aliento.
En cierto modo vivimos de promesas, pero cada vez que el Gobierno falta a su palabra, pierde credibilidad y el ciudadano se siente desprotegido entre un Gobierno que promete y el mismo Gobierno que no cumple. Y es aún más grave si la Administración Fiscal y la Agencia Tributaria entierra al pueblo con salvajes impuestos que dejan al ciudadano sin salida posible.
Injusto y abusivo ha sido el impuesto a modestos jubilados sobre las pagas recibidas por sus años de duro trabajo en el extranjero. Pagas que hasta el dos mil ocho estaban exentas. Pero la maquinaria recaudadora del ministro de turno, en su afán recaudador, no tuvo jamás en cuenta las remesas de dinero enviadas a España por sus emigrantes a los que ahora machaca y que durante varias décadas contribuyeron en gran medida al resurgimiento económico, industrial y social del país al que con inmensa tristeza tuvieron que abandonar. Estos impuestos han llegado a ser en algunos casos de hasta veinte mil euros y sin tener en cuenta el grado de invalidez del jubilado. Invalidez otorgada por el Estado del que reciben la pensión. Se ha llegado a tal grado de injusticia que el impuesto, en caso de muerte, deberá ser pagado por sus herederos. Del árbol caído, hasta la Agencia Tributaria hace leña; para quemarla en el fuego de los poderosos aunque estos sean estafadores y ladrones.
Creo que somos una sociedad producto de un país a veces cobarde y eso choca con nuestra razón de ser. ¿Qué hubiera pasado si los varios cientos de miles de emigrantes a los que se les ha exigido el pago se hubieran negado a ello?. Simplemente hubiera sido un aviso para el Gobierno y peligroso para su estabilidad. Pero al final de la vida nos volvemos cobardes y no somos capaces de rebelarnos ante la injusticia. A ciertos ministros sólo les queda abogarse el "Derecho de Pernada" para completar el agravio. el atropello sobre la emigración que los sostuvo.
Pagar impuestos: sí, es básico en toda sociedad y en todo Estado de Derecho. Pero el Gobierno debe poner en práctica una pedagogía elemental en todo lo concerniente a los impuestos y no mira para otro lado en beneficio de aquellos que lo apoyan, de sus "palmeros de turno" y que amparándose en su sombra cabalgan con "patente de corso" por los cuatro puntos cardinales del País convirtiéndolo en la Cueva de Ali Baba.
No es de recibo por parte de la sociedad que ciertos contribuyentes, muy dados a dar lecciones de ciudadanía abogándose el título de ciudadanos ejemplares y puestos de ejemplo por el mismo Gobierno, evadan impuestos considerados como Delito Fiscal y Fraude Fiscal, vean sus malversaciones de Fondos Públicos amparadas por la clásica prescripción del delito y se vayan de rositas con el bolsillo bien repleto. Ejemplos de ello los tenemos por todo el territorio nacional en el que los ladrones de "alto standing", estafadores y demás indeseables pululan por el país con un sentimiento de impunidad digno de las dictaduras más radicales.
Si matar, asesinar, es un delito que no queda impune, que no prescribe, no sólo se mata quitando la vida. También se mata apropiándose de lo que es de todos en beneficio propio y condenando al otro, a la sociedad a la penuria,a la pobreza y a la indigencia. ¡ No puede quedar impune ni prescribir de ninguna forma el latrocinio a la sociedad.
Nos acercamos a paso de carga a las Elecciones y el dinero del contribuyente, el dinero de todos puede ser materia inflamable que avive el descontento del ciudadano y por tanto de las Autonomías. Puede que una Revolución Social esté en marcha y que el grito de ¡basta ya! resuene como un cañonazo. El pueblo necesita una política de igualdad social y será el Gobierno que el país elija el que deberá ponerla en marcha para el bien de todos.
Espero que esta pequeña pero creo que justa reflexión no escandalice a nadie y que al mismo tiempo sea "un aviso a navegantes" ante lo que se nos viene encima.
A.R.M.
viernes, 27 de noviembre de 2015
lunes, 2 de noviembre de 2015
Inquietud.
Amanece el nuevo día.
llega el Sol a mi ventana,
oigo a la gente que grita,
y a los pájaros que cantan.
Como hormigas caminando,
las gentes vienen y van,
cierta locura se siente,
en este mundo irreal.
Pasan los días sin descanso,
me pregunto ¿adónde irán?.
Cuento las horas inquieto,
de este ruido mundanal.
Por fin se acerca la noche,
la temible oscuridad,
Suena el reloj, son las doce,
sopla el viento en la ciudad.
La almohada, buen consejo,
en mis sueños hablará,
me dirá que en esta vida,
ya no es posible soñar.
No me conformo, en la vida,
si que es posible soñar.
Los sueños, tú los fabricas,
y los puedes alcanzar.
A.R.M.
llega el Sol a mi ventana,
oigo a la gente que grita,
y a los pájaros que cantan.
Como hormigas caminando,
las gentes vienen y van,
cierta locura se siente,
en este mundo irreal.
Pasan los días sin descanso,
me pregunto ¿adónde irán?.
Cuento las horas inquieto,
de este ruido mundanal.
Por fin se acerca la noche,
la temible oscuridad,
Suena el reloj, son las doce,
sopla el viento en la ciudad.
La almohada, buen consejo,
en mis sueños hablará,
me dirá que en esta vida,
ya no es posible soñar.
No me conformo, en la vida,
si que es posible soñar.
Los sueños, tú los fabricas,
y los puedes alcanzar.
A.R.M.
Exilio.
Sentado a la sombra, cercano el exilio,
deja aquí su alma, amores, amigos.
Su paso vacilante, la sed, el viento,
acompañan al bardo ya sin aliento.
Recuerda el poeta los tiempos vividos,
vivencias, amores, quizá sin sentido.
Lo quiso la suerte, lo quiso el destino,
que solo anduviera el duro camino.
Camino de piedras, de zarzas, de espinos,
herida su alma, su espíritu hundido.
Una lucecilla, cimbrea en un cirio,
alumbra el sendero del poeta herido.
Allá en la distancia se abre un abismo,
camina el poeta cansado y herido.
Sus pies polvorientos henden el camino,
no puede caminar, se siente caído.
Sabe que la vida no es dulce destino,
que sufres, que penas¿será ese su sino?.
Los años, los días, se van como el humo,
figuras danzantes en el cielo oscuro.
Una vida errante, incierto camino,
espera al poeta jamás comprendido.
Sonríe su rostro, un rostro tranquilo,
allá en la frontera, le espera el exilio.
A.R.M.
deja aquí su alma, amores, amigos.
Su paso vacilante, la sed, el viento,
acompañan al bardo ya sin aliento.
Recuerda el poeta los tiempos vividos,
vivencias, amores, quizá sin sentido.
Lo quiso la suerte, lo quiso el destino,
que solo anduviera el duro camino.
Camino de piedras, de zarzas, de espinos,
herida su alma, su espíritu hundido.
Una lucecilla, cimbrea en un cirio,
alumbra el sendero del poeta herido.
Allá en la distancia se abre un abismo,
camina el poeta cansado y herido.
Sus pies polvorientos henden el camino,
no puede caminar, se siente caído.
Sabe que la vida no es dulce destino,
que sufres, que penas¿será ese su sino?.
Los años, los días, se van como el humo,
figuras danzantes en el cielo oscuro.
Una vida errante, incierto camino,
espera al poeta jamás comprendido.
Sonríe su rostro, un rostro tranquilo,
allá en la frontera, le espera el exilio.
A.R.M.
jueves, 22 de octubre de 2015
La siega.
El mes de mayo termina,
con él empieza la siega,
oro amarillo es el trigo,
como fruto de la tierra.
Con la guadaña en la mano,
colectan las mieses secas.
Sufren un sol de justicia,
que sus espaldas les quema.
El trigo, una vez cortado,
duerme tranquilo en la eruela,
con el trillo pasa el mulo,
trotando sobre la era.
Con destreza el labrador,
aventa el trigo con fuerza,
y un vientecillo que sopla,
lleva la paja que vuela.
De pronto surgen las nubes,
esas nubes agua llevan,
y unas gotas de agua limpia,
al campesino refrescan.
Jamás cuadro fue pintado,
describió tanta belleza,
cuando con alma se pinta,
la madre naturaleza.
La vida, qué gran regalo,
la merecemos ¡qué sé yo!,
si la malgastas en vano,
a nadie pidas razón.
A.R.M.
con él empieza la siega,
oro amarillo es el trigo,
como fruto de la tierra.
Con la guadaña en la mano,
colectan las mieses secas.
Sufren un sol de justicia,
que sus espaldas les quema.
El trigo, una vez cortado,
duerme tranquilo en la eruela,
con el trillo pasa el mulo,
trotando sobre la era.
Con destreza el labrador,
aventa el trigo con fuerza,
y un vientecillo que sopla,
lleva la paja que vuela.
De pronto surgen las nubes,
esas nubes agua llevan,
y unas gotas de agua limpia,
al campesino refrescan.
Jamás cuadro fue pintado,
describió tanta belleza,
cuando con alma se pinta,
la madre naturaleza.
La vida, qué gran regalo,
la merecemos ¡qué sé yo!,
si la malgastas en vano,
a nadie pidas razón.
A.R.M.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Amor en silencio.
Cuando llega la noche,
del crudo invierno.
Cuando llega esa noche,
habla el silencio.
La blanca nieve, fría,
cae sobre el duro suelo.
Cubre las huellas que un día,
dejaron pasos, recuerdos.
La Luna, sale, se esconde,
entre nubes sonríendo,
y una velada promesa,
cruza el cielo recorriendo.
La Luna como una diosa,
un chal cubría su pelo,
todo cuajado de estrellas,
en la oscuridad del cielo.
Escuchó la bella Luna,
al iniciar su paseo,
y con gracioso mohín,
yo vi cumplir mi deseo.
Callad los pinos del bosque,
callad y guardad silencio,
que la Luna no se vaya,
que yo la vea en el cielo.
Celoso de su hermosura,
bebí de ella sus vientos,
y en la vida mi amargura,
¡jamás encontró sosiego!
A.R.M.
del crudo invierno.
Cuando llega esa noche,
habla el silencio.
La blanca nieve, fría,
cae sobre el duro suelo.
Cubre las huellas que un día,
dejaron pasos, recuerdos.
La Luna, sale, se esconde,
entre nubes sonríendo,
y una velada promesa,
cruza el cielo recorriendo.
La Luna como una diosa,
un chal cubría su pelo,
todo cuajado de estrellas,
en la oscuridad del cielo.
Escuchó la bella Luna,
al iniciar su paseo,
y con gracioso mohín,
yo vi cumplir mi deseo.
Callad los pinos del bosque,
callad y guardad silencio,
que la Luna no se vaya,
que yo la vea en el cielo.
Celoso de su hermosura,
bebí de ella sus vientos,
y en la vida mi amargura,
¡jamás encontró sosiego!
A.R.M.
Recuerdos de alumno.
Cuando pienso en mi niñez,
siempre recuerdo el Colegio,
fuimos niños moldeables,
salimos hombres de acero.
Recuerdo las camarillas
y sus pasillos eternos,
le llamamos la "Siberia",
con el frío del invierno.
A misa por la mañana
y después al comedor.
Pronto empezaban las clases,
la disciplina, el rigor.
Llegaba el domingo ansiado,
por la tarde los paseos,
loa amores, las miradas,
los primeros escarceos.
Ex-alumnos que reniegan,
su pasado en el Colegio,
son como negros garbanzos,
son como lunares negros.
Terminamos la carrera,
y salimos del Colegio,
un mundo nos esperaba,
nos enfrentamos sin miedo.
Ya lejos de mi niñez,
aún conservo recuerdos,
y ya cerca del final,
sigo llevándoles dentro.
A.R.M.
siempre recuerdo el Colegio,
fuimos niños moldeables,
salimos hombres de acero.
Recuerdo las camarillas
y sus pasillos eternos,
le llamamos la "Siberia",
con el frío del invierno.
A misa por la mañana
y después al comedor.
Pronto empezaban las clases,
la disciplina, el rigor.
Llegaba el domingo ansiado,
por la tarde los paseos,
loa amores, las miradas,
los primeros escarceos.
Ex-alumnos que reniegan,
su pasado en el Colegio,
son como negros garbanzos,
son como lunares negros.
Terminamos la carrera,
y salimos del Colegio,
un mundo nos esperaba,
nos enfrentamos sin miedo.
Ya lejos de mi niñez,
aún conservo recuerdos,
y ya cerca del final,
sigo llevándoles dentro.
A.R.M.
martes, 20 de octubre de 2015
Libertad.
Fui rebelde, no lo niego,
en esta vida malsana,
me rebelé contra todo,
la injusticia, la desgracia.
Y jugué con el amor,
que en la vida me esperaba.
Pasé dejando mi rastro,
herí de amor a las damas.
Fui corsario de los mares,
al servicio de mi alma,
y no hubo mar conocido,
que a mi paso no temblara.
Terrible barco pirata,
carabela en la distancia,
armado con cien cañones,
la tripulación en armas.
No le temo a la tormenta
y adoro la tempestad,
cuando las gigantes olas,
bravías surcan el mar.
Amores no me han dejado,
huella profunda en mi ser,
y navego libremente,
en mi temido bajel.
Quizá caiga prisionero,
apresado no lo sé,
la libertad es mi vida,
y libre es todo mi ser.
Navego con viento en popa,
el viento sopla en las velas,
y al corsario de los mares,
le hacen guiños las estrellas.
Para mi altiva cabeza,
un precio le han puesto ya.
Quien aspire a tal riqueza,
mi bajel debe apresar.
Me defienden cien cañones,
la vida, la libertad.
Y en mi temido navío,
libre, surcaré siempre el mar.
Libertad, que bien que suena,
esta palabra que hiere,
por eso surco los mares,
sin mordaza, libremente.
A.R.M.
en esta vida malsana,
me rebelé contra todo,
la injusticia, la desgracia.
Y jugué con el amor,
que en la vida me esperaba.
Pasé dejando mi rastro,
herí de amor a las damas.
Fui corsario de los mares,
al servicio de mi alma,
y no hubo mar conocido,
que a mi paso no temblara.
Terrible barco pirata,
carabela en la distancia,
armado con cien cañones,
la tripulación en armas.
No le temo a la tormenta
y adoro la tempestad,
cuando las gigantes olas,
bravías surcan el mar.
Amores no me han dejado,
huella profunda en mi ser,
y navego libremente,
en mi temido bajel.
Quizá caiga prisionero,
apresado no lo sé,
la libertad es mi vida,
y libre es todo mi ser.
Navego con viento en popa,
el viento sopla en las velas,
y al corsario de los mares,
le hacen guiños las estrellas.
Para mi altiva cabeza,
un precio le han puesto ya.
Quien aspire a tal riqueza,
mi bajel debe apresar.
Me defienden cien cañones,
la vida, la libertad.
Y en mi temido navío,
libre, surcaré siempre el mar.
Libertad, que bien que suena,
esta palabra que hiere,
por eso surco los mares,
sin mordaza, libremente.
A.R.M.
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